Hace tiempo me alejé del gentilicio. Me pesa desde hace años vivir en este país, haber nacido en este país, ser de aquí. La política se convirtió desde hace años en el hilo conductor de nuestras vidas, de nuestras decisiones, de nuestras conversaciones. Perdí la esperanza hace raaaato. La esperanza de tener un país diferente, de recuperar el que alguna vez tuvimos. El gobierno no sólo nos ha arrebatado cosas, momentos y personas irrepetibles, sino que nos ha confiscado también los intangibles. La esperanza, algunos sueños, muchos ratos felices. La delincuencia avanza al paso de la más rápida de las gacelas, la justicia hace rato nos abandonó y no hay institución que funcione al sol de hoy. Incluso el proyecto de vida de muchos ha sufrido golpes de timón inesperados gracias a la situación del país, producto de la pésima administración del gobierno actual.
Se aproximan las elecciones primarias, esas que definirán al candidato que va a enfrentarse, a medirse, a ser el contendor de la peor pesadilla que ha tenido Venezuela jamás. Aunque estoy en el club de los optimistas, veo muy complicado el panorama después de eso. Las elecciones presidenciales de octubre próximo serán complicadas. La trampa, las marramucias y el dinero juegan a favor del otro equipo, del otro país, ese que yo no conozco, que no es el que vivo y padezco a diario.
Sin embargo, quiero pensar que no todo está perdido. Que las cosas pueden cambiar, de verdad. Que la victoria no es inalcanzable para nosotros. Que podré volver a plantearme mi vida aquí, en lugar de buscar de modo desesperado y al precio que sea la posibilidad de construir un futuro en otro lado. Por eso voy a votar este próximo domingo, y el 07 de octubre. Porque quiero creer que no todo está perdido. Y esa esperanza, ese no quemar las naves todavía, ese mañana mejor posible me lo ha transmitido una mujer. Una mujer a la que respeto y admiro. Una mujer que desde mi punto de vista se merece nuestra confianza, nuestro respaldo y nuestro voto. Creo que ella puede cambiar la situación actual. Creo, y espero, que pueda quitarme el sobresalto que me invade cada noche, incluso en mi casa, ese miedo constante. Quiero renunciar al miedo, al susto a la paranoia. Quiero creer en una nación de ciudadanos honestos, y desechar la actual, comandada por delincuentes. Quiero recuperar la tranquilidad y la confianza en mi país. Quiero sentirme orgullosa de mi nacionalidad, en lugar de añorar o envidiar la de otros.
Por eso voy a votar duro. Por eso me voy a restear. Porque tiene las competencias, la preparación, el coraje y la valentía que se requiere. Por eso voy a votar por María Corina Machado el domingo 12 de febrero.
Te voy a dar mi voto porque confío en ti.
miércoles, 8 de febrero de 2012
martes, 20 de diciembre de 2011
Bautizo de la polaca ñera
Hoy te bautizaron y yo no pude estar, pero mi corazón estuvo contigo todo el día. No te cargué ni te besé ni me tomé una foto contigo, pero te imaginé acalorada, risueña, contenta , conversadora y feliz de brazo en brazo. Imaginé los momentos felices que vivió nuestra familia hoy y formé parte de la celebración. Porque como todos los que sí estuvieron, te quiero inmensamente y hasta esa hermosa iglesia de Pampatar se trasladaron presurosos mi mente y mi corazón.
El amor, libelulita adorada, no sabe de fronteras, de tiempos ni de distancias.
Hoy estuvimos contigo, escuchamos tu risa, celebramos tus gracias y calmamos tu calor.
Hoy, a pesar de no estar, estuvimos todo el tiempo.
Yo desde Tenerife y tu abuelo y tu tío desde el cielo, desde ese mismo cielo margariteño azul, inmenso y despejado de hoy.
Besos volados y mariposas de colores.
Dios te bendiga.
El amor, libelulita adorada, no sabe de fronteras, de tiempos ni de distancias.
Hoy estuvimos contigo, escuchamos tu risa, celebramos tus gracias y calmamos tu calor.
Hoy, a pesar de no estar, estuvimos todo el tiempo.
Yo desde Tenerife y tu abuelo y tu tío desde el cielo, desde ese mismo cielo margariteño azul, inmenso y despejado de hoy.
Besos volados y mariposas de colores.
Dios te bendiga.
martes, 4 de octubre de 2011
Raúl Humberto
Estás en todos los recuerdos de mi infancia. Luego, apareces como una referencia, un modelo, creo que hasta como un ídolo. Eras el líder, comandabas la pandilla. Literalmente tú mandabas. Hay tantas anécdotas, tantos cuentos, tantas vainas locas vividas. La vez que me engañaste tan cruelmente para que fuera al Safari Carabobo, el primer cigarro, bueno, los primeros. Las subidas al techo en Myromar, los fosforitos, los cachorros de Margarita, la caña de azúcar, las gallinas, los pollitos. Las conversas interminables, Simple Minds, Video Color Yamín, el Cine Altamira, la Caribe, Galipán. Mil historias. Una vida juntos. Otra separados. La vida que pasó y nos fue alejando. Los abrazos que nunca más nos dimos. La distancia que forjamos. Los recuerdos que permanecen. La nostalgia. La tristeza. Los chinches que vendimos en la playa. El tiempo que no regresa. El silencio. La distancia. ¿Queda todo cuando ya no queda nada?
Te quise, te abandoné, me abandonaste.
Te fuiste, escogiste, me soltaste.
Te adoré, te admiré, nos dejaste.
Mi primer gran amor. Mi primo mayor.
Descansaste.
Te quise, te abandoné, me abandonaste.
Te fuiste, escogiste, me soltaste.
Te adoré, te admiré, nos dejaste.
Mi primer gran amor. Mi primo mayor.
Descansaste.
sábado, 23 de julio de 2011
El momento justo
Finalmente lo hice. Unos quince años fueron tiempo suficiente para tomar la decisión. Me desarrollé muy temprano y desde una época mucho más lejana que el resto de mis contemporáneas, estuve cargando con un peso que, en definitiva, creo que no me correspondía. Todavía no se bien cómo me siento, no he terminado de acomodarme en mí, no ha sido complicado, pero sí un poco doloroso y extraño. Estoy feliz, eso es seguro, más ligera, liviana, rara. Eso es, me siento rara. Ha sido un proceso muy emocionante. Sin duda, ha sido la decisión más importante que he tomado. Y todo el proceso de tomarla fue fascinante. Dependió enteramente de mí y eso es algo que me gusta y me ha hace sentir muy bien. Ser autónoma, independiente, determinada y valiente me hace sentir orgullosa de mi misma. Lo logré. es todo lo que puedo decir por el momento. Tengo una familia, una pareja y unos doctores maravillosos y eso hace que todo luzca aún mejor. No estoy solamente feliz, estoy feliz y agradecida.
Me siento bien, complacida, aliviada. Esperé tanto este momento. Últimamente he pensado que más bien esperé demasiado, pero creo que las cosas no suceden antes ni después, todo pasa en el momento justo.
Me siento bien, complacida, aliviada. Esperé tanto este momento. Últimamente he pensado que más bien esperé demasiado, pero creo que las cosas no suceden antes ni después, todo pasa en el momento justo.
viernes, 20 de mayo de 2011
Correr bajo la lluvia
Hoy llegué al parque tempranito y arrancó a llover. Decidí quedarme, mojarme, correr bajo la lluvia. Como los niñitos, que adoran bañarse con manguera o salir al jardín cuando llueve, disfruté un montón. En mitad de la primera vuelta me cuestioné si era una imprudencia, si acabaría enferma, pero deseché en segundos esos pensamientos, poco me importaron. Estaba muy contenta. Aceleré el paso. Incluso di dos vueltas. Terminé mi entrenamiento de acuerdo lo previsto pero salpicado de alegría, húmedo, salado. Sólo entonces advertí que empaparía el asiento del carro. Tampoco me importó. Corrí feliz, ligera, saboreando las gotas que corrían por mi cara. Fue maravilloso, rico, pleno. Decidí entonces saciar el antojo de la semana, y me fui a la panadería de costumbre a comerme ese cachito con el que estaba soñando desde el lunes. Como diría Beatriz, el verbo cundir es un bonito verbo, y al salir del parque en mí cundía la alegría.
No importa qué edad tengamos, nunca es demasiado tarde ni estamos demasiado viejos para disfrutar un palo de agua, cantar, saltar o correr bajo la lluvia es una experiencia que nadie debería perderse.
No importa qué edad tengamos, nunca es demasiado tarde ni estamos demasiado viejos para disfrutar un palo de agua, cantar, saltar o correr bajo la lluvia es una experiencia que nadie debería perderse.
jueves, 19 de mayo de 2011
Dos años
Hoy es un día importante. Ya son dos años en esta ruta hacia la delgadez, hacia una vida nueva. Son 730 días, muchos kilos menos y ahora full ejercicio. Ha pasado de todo en estos meses, algunas cosas buenas, otras no tan buenas y otras más bien malas, tristes, dolorosas. He descubierto maravillas en estos 24 meses, ahora hasta participo en carreras 5, 10 y 12.5 K. Me apasiona correr, sudar, drenar, descargar, eliminar toxinas. Estoy vacilando muchísimo esta etapa. Hasta estoy madrugando para tal fin (cuándo en mi vida?). Estoy contenta, atenta, satisfecha. Estoy pendiente de lo que como, de los excesos, de no pasarme de la raya. Estoy disfrutando las nuevas tallas en las que ahora logro acomodarme. Duermo mejor, sonrío más, soy más feliz. Cuando uno se ha sudado cada paso, cada aproximación a la meta, y finalmente llegas y abrazas el objetivo la cosa es mucho más sabrosa. Se disfruta más, provoca comérsela de a poquito, despacito.
Nada, que hoy celebro de nuevo casi un cumpleaños y quise compartirlo con ustedes.
Nada, que hoy celebro de nuevo casi un cumpleaños y quise compartirlo con ustedes.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Sobre la vejez
He estado pensando mucho en la vejez. He estado en contacto muy recientemente con personas mayores, enfermas y desvalidas, cuya situación me ha hecho reflexionar sobre ese tema. Naturalmente, si no se interponen en el camino enfermedades tempranas, accidentes mortales o lesiones inesperadas, envejecer es lo que a todos nos espera. Y no me preocupa la vejez como número, cumplir más años, no se trata de la edad. Se trata de los padecimientos y limitaciones que están a ella asociados. No poder valerme por mi misma es algo que me aterra. Perder la razón, el simple hecho de pensarlo, me espanta.
Es cierto que muchas personas tienen una vejez tranquila, sin demasiadas complicaciones, más bien feliz y rodeada de hijos, nietos y seres queridos. Pero también hay otro grupo confinado al olvido, que no recibe atención ni cariño. Excepto para los hijos, y eso cuando la cosecha sale buena, los viejos (o los ancianos, como diría Beatriz) son vistos como una carga, como un bulto que todos quieren esquivar. Llegar solo a la vejez, a la ancianidad, debe ser sin duda la mayor de las tragedias.
En la plenitud de la vida, en el furor de la lozanía y del éxito muy probablemente ese territorio inexplorado es por muchos visto como un lugar lejano en el que ni siquiera vale la pena pensar, una preocupación absurda cuando falta tanto para que llegue. Y resulta que hay que pensar en eso. Hay que trabajar para ir atesorando afectos y solvencia económica que ayuden a responder cuando llegue el momento.
A veces pienso que la decisión de no tener hijos pudiera oscurecer más ese panorama, aunque tenerlos tampoco sea garantía de nada. Lo que siento es que ahí si juega la pareja un papel fundamental, pero eso es algo en lo que también hay que trabajar. Trabajar con ahínco y entrega, abonar el terreno del amor, la honestidad, la fidelidad y la confianza para no envidiar el huerto ajeno llegado el momento.
Muchas personas temen envejecer solas, pero no hacen nada para remediarlo. Le echan la culpa a la suerte, a la mala en este caso, y no entienden que el problema está dentro de ellas. Que nada es gratis. Ni siquiera el amor. Que nadie se merece aquello por lo cual no ha trabajado y que sólo se puede recibir a cambio lo que se ha dado.
Y el tiempo, el tiempo pasa muy deprisa, no espera a nadie.
Es cierto que muchas personas tienen una vejez tranquila, sin demasiadas complicaciones, más bien feliz y rodeada de hijos, nietos y seres queridos. Pero también hay otro grupo confinado al olvido, que no recibe atención ni cariño. Excepto para los hijos, y eso cuando la cosecha sale buena, los viejos (o los ancianos, como diría Beatriz) son vistos como una carga, como un bulto que todos quieren esquivar. Llegar solo a la vejez, a la ancianidad, debe ser sin duda la mayor de las tragedias.
En la plenitud de la vida, en el furor de la lozanía y del éxito muy probablemente ese territorio inexplorado es por muchos visto como un lugar lejano en el que ni siquiera vale la pena pensar, una preocupación absurda cuando falta tanto para que llegue. Y resulta que hay que pensar en eso. Hay que trabajar para ir atesorando afectos y solvencia económica que ayuden a responder cuando llegue el momento.
A veces pienso que la decisión de no tener hijos pudiera oscurecer más ese panorama, aunque tenerlos tampoco sea garantía de nada. Lo que siento es que ahí si juega la pareja un papel fundamental, pero eso es algo en lo que también hay que trabajar. Trabajar con ahínco y entrega, abonar el terreno del amor, la honestidad, la fidelidad y la confianza para no envidiar el huerto ajeno llegado el momento.
Muchas personas temen envejecer solas, pero no hacen nada para remediarlo. Le echan la culpa a la suerte, a la mala en este caso, y no entienden que el problema está dentro de ellas. Que nada es gratis. Ni siquiera el amor. Que nadie se merece aquello por lo cual no ha trabajado y que sólo se puede recibir a cambio lo que se ha dado.
Y el tiempo, el tiempo pasa muy deprisa, no espera a nadie.
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