miércoles, 31 de mayo de 2017

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Una vez que te vas algo se rompe
Una vez que te vas ya no regresas
No es que mueras allá, Dios no lo quiera,
Es que algo te cambia para siempre

Una vez que te vas no eres el mismo
Puede que intentes recoger tus pasos
Pero te darás cuenta, de camino,
Que algo, muy dentro, ya se habrá perdido

viernes, 28 de abril de 2017

Jacqueline, la inmoral.

¡Ay, Jacqueline! Quién lo diría? 
Ahora te la das de graciosita
Pero no se te olvide, pajarita,  
Que avalas la matazón roja rojita.

Lo muchachos que se metieron al Guaire
No se fueron a dar baño sabroso
Sólo que tu querido jefe -el guapachoso-
Es tremendo asesino -vergonzoso-.

Ya me reiré yo, cuando esto acabe
Cuando te vayas por donde viniste
Porque si hay algo seguro, te prometo,
Es que mañana llorarás tú, buitre!

Sin título


Espérenme allá, en el arcoiris,
Dentro del color rojo, a ser posible.
Yo esperaré soñando y, si se puede,
llegaré a nuestro encuentro aún soñando.

martes, 11 de abril de 2017

Patria mía, Venezuela.



Con el alma arrugadita en la distancia, yo te sueño eres mi más grande añoranza. Aún no entiendo cómo fue que nos dejamos, desgarrar el corazón con las dos manos;  yo te llevo muy adentro y hasta el fondo, el dolor me sume en un hoyo hondo. No hay manera de no echarte de menos, de no extrañarte en cada desvelo. Eres de mis más grandes afectos, parte de lo que más quiero está allá,  adentro.

Nunca fui, debo decir, la más patriota, pero desde que me fui la historia es otra.  No hay manera de que pueda yo olvidarte ni evitar una sonrisa al recordarte; y aunque sé que nubes negras se posaron hace tiempo en tu cielo, en todos lados, ya se acerca para ti un cambio de vientos y las nubes darán paso a nuevos tiempos.

Estaré aquí, como cada despertar, soñando con regresar. Estoy segura de que eso pronto sucederá, las cadenas se romperán y podremos celebrar. 

viernes, 22 de abril de 2016

En el parque



La vida pasa también en los parques. Un perfecto maridaje de verdes y amarillos, en distintas tonalidades,  adornan las hojas de los árboles un jueves cualquiera de primavera. Los pájaros trinan. Los amantes se rozan, se estrujan, se besan. La gente mayor pasea y observa, siempre bien sujeta a su bastón. Yo leo. Leo, pero no pierdo de vista a los amantes, a los pájaros ni a los viejos. Hay más  perros que personas. Hay personas que tratan a esos perros como hijos. Les tiran la pelota, les ríen  las gracias y, sobre todo, los presumen, los muestran. Se escucha alguna paloma celosa, que intenta que su canto se eleve por encima del trinar de los muchos pájaros que inundan el parque, pero no lo logra. O sí, a ratos.

martes, 23 de febrero de 2016

El problema somos nosotros

Ha pasado de todo durante este tiempo de ausencia. Sobre todo en mi país, Venezuela. Fui a pasar las navidades allá, y la pasé muy bien, la verdad sea dicha. Asustada, pero feliz, así fue mi visita. Asustada, por la delincuencia y por los precios. Asombrada, por el peor de todos los males - al menos para mí- esa bendita guerra del venezolano contra el venezolano.

Ese empeño en demostrar quién es el más vivo, el más avispado, el que se las sabe todas, no nos permite avanzar. La culpa no es toda del gobierno, sino que en estos años ha aflorado la peor cara de los venezolanos. El bachaqueo, por ejemplo, no lo practica el gobierno, sino que ahí se hace presente de nuevo el venezolano contra el venezolano. Los exagerados precios, aunque hayas importado a precio preferencial: el venezolano contra el venezolano. Y lo peor de todo, lo que más duele, lo que más pega, es que con la salud también hay quien quiere sacar su tajada, quiero decir, su plátano completo.

Sé que hay miles de anécdotas y casos particulares, a mí me tocó la papeleta exámenes: de sangre, ecos y mamografía. En el Centro Médico Docente la Trinidad se esfuerzan por perjudicar al paciente, por desangrarlo (en sentido pecuniario) y por robarle lo máximo posible. La cuestión es que cada eco superaba los 20 mil bolívares y el examen de sangre completo superaba los 10 mil. Es decir, todos los exámenes salían por el módico precio de 100 mil bolívares; en la Clínica el Ávila los precios eran más razonables, menos de la mitad. Ahí me hice los de sangre por menos de 5 mil; pero en el Instituto Clínico La Florida, todos los ecos y la mamografía me los hice por menos de 15 mil. Tiene alguna lógica? No. Es culpa del gobierno? No. Es culpa del venezolano. Y así no vamos a salir del hueco ni cambiando de presidente, porque tenemos que cambiar nosotros, y eso es mucho más complicado.

jueves, 23 de octubre de 2014

Sueños rotos



Escribo estas líneas casi sin pensar. Me embarga una profunda tristeza. Estoy molesta. Me siento frustrada. Harta. Ya mi país, ese en el que nací y crecí no existe más. Hace dos años una parte de mí se fue de allí, pero la  otra se quedó.  Desde entonces, de allá hasta aquí, sólo llueven malas noticias. Cada vez que el teléfono suena pienso lo peor. Cada vez que un mensaje empieza con la frase “te acuerdas de fulano..?” o “sabes zutana la que…?” sé que lo que me van a decir a continuación es que algo malo le pasó. 

Hace dos meses me enviaron un mensaje, de esos que uno prefiere no recibir, para decirme que una muchacha muy querida, que siempre me consentía en el lugar en el  que trabajaba antes de venirme, había perdido a su hija en un accidente de tránsito cuando regresaba en un carrito por puestos de un viaje a Cumaná. Un conductor irresponsable acabó con sus sueños a los 23 años. Se me rompió el corazón y abracé desde la distancia a mi amiga y su familia.

Hace dos horas el teléfono volvió  a sonar. La desgracia tocó de nuevo la puerta de mi antiguo trabajo. La de una joven madre de familia, una persona muy  especial que siempre se asomaba a mi puerta a preguntar si ya había comido o si quería un café o un té. Ayer su hijo mayor, también de 23 años por esos extraños caprichos del azar, pagó con su vida ingresar a las estadísticas rojas de la delincuencia. Iba cabalgando sus planes y metas sobre su modestísima moto y una bala derramó sus ilusiones sobre el asfalto.  Le robaron la vida, la moto, la ropa, los sueños.  Lo dejaron ahí tirado y se paró el tiempo. 

A ti también te abrazo desde aquí.

Dolor, impotencia, coraje.

Impunidad.