jueves, 2 de mayo de 2013

Esa gente


Hay gente que se toma las cosas como si en ellas se les fuera la vida, pero no se da cuenta que lo único importante es, precisamente, que la vida se nos puede ir en cualquier momento.

Esa gente debería aprender a disfrutar un bonito atardecer, a escuchar el mar, a reír a carcajadas y a llorar.

Esa gente debería aprender a diferenciar lo importante de lo esencial y lo básico de lo fundamental.

Esa gente debería aprender que la soberbia es traicionera, porque puede nublarnos la vista y hacernos pensar que ganamos la batalla sin dejarnos ver que perdimos la guerra.

Esa gente, que se refugia en el rencor y se protege con la amargura y el desprecio, debería aprender que el cielo de hoy puede que no lo miremos mañana, y que el silencio sostenido tiene la particularidad de que puede volverse eterno.

Esa gente no sabe diferenciar la torpeza de la maldad ni la rabia de la vileza. Esa gente juzga con severidad, se cree dueña de la verdad y se jura infalible.

Esa gente debería considerar que pudiera no haber otra oportunidad y que la vida es ser y estar...pero es también aprender a perdonar.

viernes, 15 de febrero de 2013

No todo cabe en la maleta



Llevo casi tres meses viviendo fuera del país, y nada ha cambiado. O sí, todo se ha puesto peor. Mi país es un territorio en guerra, aunque esa no es precisamente la novedad. La novedad es el recrudecimiento de la violencia, del ensañamiento, la novedad es que desde afuera la cosa se ve peor.  Ver como aumentan la cifras de asesinatos,  es desgarrador. Sentir que quisiera estar allá, pero que menos mal que estoy aquí es una sensación muy rara, desagradable.  Yo sé que mi país está vuelto mierda, que el Gobierno lo ha hecho pedazos, pero es mi país, el único que tengo y me duele, sí, lo digo sin ninguna vergüenza, me duele. Y desde la distancia duele más. 

Es aterrador leer diariamente que mataron a fulano, a zutano, a mengano. Muchas veces son personas desconocidas, estadísticas que engrosan los índices de criminalidad, pero cada vez el círculo se cierra más y la única opción es rezar, encomendarse a todos los santos, cada quien a sus muertos, para que hoy no le toque a nadie conocido y mucho menos a nadie de la familia. 

¿Irse, quedarse?  Al final la cosa no es tan sencilla, o es que toda la familia cabe en la maleta? Pues no. Yo estoy aquí, bien, pero al final mi mamá, por ejemplo, está allá, así que la mitad de mí está aquí y la otra allá…y así son casi todos los casos. Así que la cosa tampoco se resuelve simplemente con un exilio voluntario, sea temporal o definitivo.

El problema tiene raíces profundas, de esas es que hay que ocuparse, porque preocuparse no sirve de nada.

martes, 2 de octubre de 2012

No le eche cuentos al que sabe historias

Creo que la votación del domingo 7O es la más importante a la que hemos asistido los venezolanos en la historia reciente de Venezuela. Todos los que estamos habilitados para ejercer ese derecho y ese deber ciudadano estamos obligados a hacerlo. Yo no veo que llegue la hora de estar parada enfrente de la maquinita y votar por el país que sueño, ese que creo que es posible y que es tan distinto al que padezco a diario. 

Mi hermano, sólo por citar un caso cercano, vive en Panamá y desde el año pasado tenía planeado venir a votar, pero logró inscribirse allá. A pesar de los obstáculos que les pusieron en el Consulado, que si sólo inscribían los viernes y los lunes y si ibas el lunes te decían que vinieras el viernes y viceversa, etc., él y su esposa se inscribieron. 

A pesar de trabajar en una compañía que no se caracteriza precisamente por estar dando permisos y aceptar que la gente se ausente de su silla para atender asuntos personales, lo lograron. Les costó, pero lo lograron. Así que no le echen cuentos al que sabe historias. 
 
Los que no se inscribieron y no van a votar, ni aquí ni allá ni en la conchinchina es simplemente porque no les dio la gana. Porque se sienten espectadores y no protagonistas. Porque se fueron y se olvidaron de la Patria, pero la vida da muchas vueltas. Eso es lo que no deberían olvidar.

domingo, 24 de junio de 2012

María querida mía


Hoy es justo el día del calendario que siempre, desde hace cuatro años, me quiero saltar. El día más triste,  el recuerdo más doloroso, el fin. Te fuiste. Nos abandonaste sin que tuviéramos tiempo de sospecharlo. Nos quedó un almuerzo pendiente. El de aquel nublado martes. Nos quedo tanto amor derramado, tantas cosas por decir. Un último abrazo, una última mirada cómplice. Se ahogó aquella risa, se detuvo el tiempo. Y un pedazo a mi corazón le faltará para siempre. Un vacío y un espacio que ninguna otra presencia podrá llenar . Me faltas. Te extraño. Te quiero. Y por siempre jamás te querré.

lunes, 7 de mayo de 2012

Sobre “Caracas ciudad de despedidas”


Desde hace unos días, la publicación en YouTube de un video de un grupo de jóvenes que expresan sus inquietudes sobre la realidad caraqueña y la posibilidad de mudarse de país, ha desatado una cayapa colectiva y unas reacciones tan violentas que han provocado que a muchos se nos enciendan las alarmas con respecto a la intolerancia que marca la pauta en esta ciudad, y en general, en todo el país.

No logro entender todavía qué es lo que ha desatado tanto odio y rechazo. Desde mi punto de vista, se trata simplemente de un grupo de jóvenes contando la situación desde su perspectiva. Un grupo de caraqueños que tuvo la necesidad de expresar por qué se les hace cuesta arriba la vida en su ciudad. Un grupo de muchachos que relata la experiencia de no poder disfrutar el lugar en el que vive, de estar constantemente azotados por la inseguridad. Unos cuantos chicos que reclaman, con todo el derecho que les asiste, mejoras en la calidad de los servicios públicos. No veo cuál es el delito ni el pecado ahí.

No entiendo por qué ha generado tantas opiniones en contra. No me parece que digan nada que no sea cierto. Es mentira que cada vez que caen cuatro gotas de agua en Caracas la ciudad colapsa? Es mentira que no podemos salir en las noches a disfrutar la ciudad? Es mentira que las cosas no funcionan como deberían? Es mentira que a veces no sabemos si tenerle más miedo a los ladrones que a los policías? O es que acaso vivimos en el país de las maravillas?

Encuentro que hay mucha más verdad en los protagonistas del video que en quienes los atacan. Estoy segura de que más de uno piensa o ha pensado que Caracas sería mejor sin la gente, que los venezolanos somos súper escandalosos y bulleros y que a más de uno le molesta cuando los demás aplauden cuando el avión aterriza en su destino. La diferencia es que ellos lo dicen.

Por otro lado me pregunto, ¿qué otras cosas aparte de las ahí mencionadas se supone que deberían inquietar a unos chicos de 20 ó 21 años? Deberían estar haciendo disertaciones profundas y filosóficas? O hablar solamente de la hambruna en Somalia o de las matanzas en los barrios capitalinos, que no han vivido y tampoco los toca, en este caso, de cerca y que, de paso, no sólo ocurren en los barrios? No viven también la amenaza constante de ser secuestrados, asaltados o violentados de cualquier otro modo? No son venezolanos también y tienen el mismo derecho que cualquiera a contar aquello que les aqueja? O es que pertececer a "cierta y determinada clase social" (como he leído en más de uno de los mensajes violentos en su contra) los inhabilita como ciudadanos?

No tengo ninguna relación ni afinidad particular con la pieza, pero sí creo que la gente es libre de expresar lo que quiere, siente y necesita. Uno puede, o no, estar de acuerdo con las ideas del otro, pero no tiene derecho a ofenderlo ni a descalificarlo ni mucho menos a insultarlo ni amenazarlo por no pensar igual. Y yo pensaba que en eso estábamos todos de acuerdo, pero no, la violencia y la intolerancia galopante en este país tiene muchos más matices que el color rojo y la política, y lo que es peor, cimientos más sólidos y profundos.

lunes, 19 de marzo de 2012

Dirección Propatria

Hoy tuve que ir al centro de la ciudad. Me monté en el Metro después de varios años sin pisarlo. Aunque en mi época universitaria y preuniversitaria lo utilicé como medio de transporte, casi a diario, debo confesar que desde hace mucho tiempo ni siquiera lo considero como opción.

Desde anoche empecé a atormentarte con lo que sería mi periplo mañanero. Estaba preocupada y ansiosa por los riesgos que hoy en día supone dirigirse a cualquier lugar en esta ciudad y que, para mí, suponen un riesgo aún más grande si quedan traspasando la frontera del Oeste de Caracas. Vaya equivocación! Entre muchas otras experiencias del día de hoy, voy a comenzar por relatar que me sentí más tranquila y relajada cuando salí de la estación del metro de La Hoyada, que cuando paso por Plaza Venezuela o La Florida.

Llegué a la Institución Pública que motivó mi desplazamiento y sólo encontré gente amable, que me atendió de lo mejor, rápido y con ganas de ayudarme. Segunda equivocación. Iba predispuesta a perder horas esperando para, probablemente, perder el viaje.

Resolví lo que necesitaba resolver rápido y de acuerdo a las indicaciones exactas que aparecen en la página web oficial. Cero trabas. Cero secretarias pintándose las uñas o echando cuentos. Cero malas caras. No me preguntaron si firmé, ni si voté en las primarias. Cada quien a lo suyo y punto.

Me gustó no sentirme amenazada. Tener que desechar mis teorías y prejuicios sobre lo que iba a encontrar. Había unas pantallas encadenadas con la propaganda política llena de mentiras del Gobierno. Había fotos de Chávez. Pero no encontré un ejército rojo ni una sola persona que me hiciera sentir fuera de lugar.

Este Gobierno tiene al país destruido, es cierto. Las instituciones viven un momento aciago. No hay justicia. La delincuencia nos tiene a todos atemorizados y agradeciendo que hoy no nos haya tocado a nosotros. Pero queda gente con la cual reconstruir el país.

P.D: Por favor, no se dejen robar por gestores. Hoy en día ir a Cadivi, Ministerio de Relaciones Exteriores, Educación Universitaria, Saime, etc, es un paseo. Creo que para pagar por eso hay que ser imbécil (espero que nadie se sienta ofendido)

Inventario

(Esta carta la envié al Concurso Cartas de Amor 2012, pero no quedó preseleccionada. La comparto con ustedes)

C.

Desde que me vi reflejada en tus ojos, por primera vez, supe que esta historia sería definitiva. Bueno, en realidad lo presentí el día que escuché tu voz por teléfono. Claro que tu ternura y generosidad tuvieron un peso importante. Igual que tu cara, tu pelo y tu sonrisa.

Y es que te vi y entendí que en el ayer se habían depositado mis tristezas. Que tenía una vida por delante. Sentí que estaban saldadas todas mis cuentas, que no debía nada. Contigo aprendí a amar, a soñar. Tú me enseñaste a perdonar. Me instruiste en áreas tan desconocidas por mi como el compromiso y el nosotros. Me has enseñado a confiar. Me empujaste a cambiar. Me grabaste en el alma, y para siempre, el significado de la palabra lealtad.

Estos diez años a tu lado, mi amor, han sido los mejores de mi vida. No siempre los más felices, hemos tenido horas bajas, como todos. En estos tres mil seiscientos cincuenta días a tu lado (lo siento, no voy a restar los de nuestras dos separaciones cortas) hemos compartido tanta cosas. Nos hemos hecho grandes. Hemos reído, hemos llorado…en realidad has secado mis lágrimas mil veces. Me has ilustrado en el arte de confiar. Has llenado mi vida de certezas.

Siempre me dices que el amor no se agradece, pero el tuyo lo agradezco tanto. Agradezco que la vida nos juntara. Que nos diera más de una oportunidad. Agradezco tu nobleza, tu convicción y tu entrega sin dobleces. Agradezco que apostaras por mí, sobre todo cuando lo merecía menos. Que creyeras, cuando ni yo podía hacerlo. Que me esperaras. Que no perdieras la fe. Que ni el tiempo ni la distancia nos hayan derrotado. Y, sobre todo, agradezco tu decisión de caminar la vida a mi lado.

Transitamos el camino a la adultez de la mano. Nos acompañamos en nuestro primer trabajo, en las decisiones más importantes, en nuestros días aciagos, en aquella despedida –la más triste-, en ese inolvidable concierto de Sabina. Hemos compartido tanta dicha, hemos librado tantas y tan duras batallas. Nos hemos reído tanto.

En realidad, nadie me da tanto ánimo ni me hace reír tanto como tú. Aparte de ser mi amor, te admiro y te respeto. Eres mi persona favorita y el ser en el que más confío.

Eres lo mejor que me ha pasado, aunque sea o suene a lugar común. Es verdad. Sin ti no hubiera llegado hasta aquí, no sería quien soy, no hubiera podido apagar mis fuegos internos, controlar e incluso doblegar mis demonios. Eres la familia que escogí. La persona con quien quiero compartirlo todo, contemplar esos atardeceres que tanto me gustan y esperar el ocaso.

Eres para siempre en mi vida, aunque para siempre sea demasiado para algunos. Te amo en esta vida y en todas las que falten. Quiero verme en tus ojos y despertarme a tu lado mientras respire.

Sé que no puede repetirse este milagro, mi amor, nadie más puede ser tan bonito por dentro y por fuera.



M.



Caracas, 29 de febrero de 2012